lunes, 23 de abril de 2018

otra de monstruos


Ya he hablado de mis monstruos –que podrían verse así, como un grupo de deformes amigos o como un gran monstruo: pudiera ser como aquellos constructicons de mi infancia, varios monstruos que se pueden ensamblar para ser más terroríficos. Eric me dijo una vez sobre que algo que discutíamos era algo así como la uña del pie del monstruo, o sea que sí está bien alimentado–, del proceso de poder colocar un espejo frente a mí y verlos aparecer, con más o menos sorpresa. 

Pero creo que olvidé mencionar una parte importante que vino a mí tras ese hermoso viernes, luego del reencuentro con la que creo es el amor de mi vida. Lo que sí dije es que a ella le puedo decir cualquier cosa, me siento cómodo hablándole de mis mierdas con mucha libertad, así que le hablé de este "amigo" mío, al que estaba conociendo, y del que le dije, esperaba poder convivir con él, en una llevadera armonía.

Me miró seria pero con ternura (quizá lo de la ternura lo he inventado yo, pero había mucha empatía en ella) y me dijo: Tienes que amarlo, no sólo convivir con él, recuerda que es parte de ti, y tienes que amarlo para poder amarte. 

Plantó otra semilla en mí, me dejó una idea fundamental. Ella, otra vez ella.


Así que, no estoy de acuerdo con la imagen.

viernes, 20 de abril de 2018

Buscan, ¿qué buscan?


Me costaba trabajo poder imaginar qué carajo es lo que la gente no deja de ver y de escribir en sus teléfonos celulares, por qué mierda no pueden despegar la vista de la pantalla del puto aparato por cinco segundos. Qué es tan valioso para no poder dejar de verlo. 

Veo imbéciles que no sueltan el mentado dispositivo ni para manejar, ni al caminar, bueno, que ni al cagar. Y esto último se vuelve un problema en una reunión familiar donde estos muchos ocupan el baño mucho más tiempo del necesario en ese afán por no despegarse de su vida en el ciberespacio, o encuentran el lugar ideal para teclear lejos de los ojos de su pareja.

En mi absoluta ingenuidad creía yo que los contactos que la gente tenía en Facebook eran las personas a las que uno conocía. La familia, los amigos de la escuela, del trabajo y toda esa gente que de alguna manera conoces. Comprobé que no. 

Ahora, incluso podría afirmar que el principal uso que se le da a esta red social es el ligue, la seducción y la búsqueda de sexo. Al parecer los hombres buscan con quien acostarse mientras las mujeres esperan que entre tanto idiota conectado aparezca ese ser especial que las va a querer a pesar de todas sus histerias. Quizá algunos hombres crean esto también pero mientras aparece la rara chica que nos crea especiales pues hay que coger que para eso somos hombres.

Qué tan vacía (de cariño, de amor, de compañía) tiene que estar una persona para buscar la interacción virtual con desconocidos. Qué tan necesitada puede estar un alma para soltarle al primero que se aparezca a comentar su cursi posteo, un antes valioso “amigo”, como si fuera el genérico de un hola. 

Será porque el mismo facebook te dice que cada contacto con el que cuentas es tu amigo.



lunes, 16 de abril de 2018

historias del Paraiso

Para los católicos más devotos, aunque podría decir más ingenuos, el origen de la vida (de los humanos) se dio en un paradisiaco lugar del que proviene el adjetivo que acabo de usar, donde todo era felicidad y el dolor era algo inexistente. En ese lugar dios se puso a jugar con barro y terminó creando un hombre –qué cosas no–, luego, al ver su soledad y supongo también aburrimiento, le sacó una costilla estando dormido para hacerle una compañía.

En días recientes me he topado con dos reflexiones, curiosamente de dos argentinos universales, que tienen por escenario este mítico lugar.

Le escuché decir hace poco (aunque lo dijo hace más) a Jorge Bucay, que una de las razones por las que los humanos siempre le echamos la culpa a alguien más sobre lo que nos pasa, está fundamentada en el mito de la creación. Ya que cuando dios lleno de cólera le reclamó a Adán el haberlo desobedecido y haber probado del fruto inprobable, éste, usando una cínica lógica, lo culpó de sus actos: la fruta me la dio a probar la mujer que tú me diste. Lo que visto así daba algo de esa culpa a dios.

Ahora que estuve releyendo Ficciones, Borges también hace una alusión a ese lugar de ensueño:

Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine al género humano; por eso no es injusto que la crucifixión de un solo judío baste para salvarlo.

Historias.


jueves, 12 de abril de 2018

el que espera...

"El muchacho no insiste. Tiene esa peculiaridad de la no insistencia, como si se quedara esperando; como si estuviera acostumbrado a esperar respuestas que nunca se producen y permaneciera ahí, mudo en su lugar, en su necesidad de esperar".

Leo este párrafo del extraordinario blog de mi querido amigo Gavrí y me quedo pensando que se me ha ido media vida esperando. Pienso que soy como ese muchacho que no dice nada, que se queda esperando, que no exige ni pide, sólo espera mansamente.

Soy ese que se queda sosteniendo la bocina del teléfono junto a su oído esperando que su interlocutor regrese como prometió, así hayan pasado ya casi cinco minutos; espera, porque el otro lo ha dicho y todavía creo en la palabra de los demás, por inercia. El otro se ha ocupado con algo más y no volverá a la conversación, pero yo sigo esperando; qué pena que regrese y no me encuentre. Ese otro cree que ya le habrán colgado concluyendo la llamada, seguramente al minuto de la interrupción, como cualquier persona cuerda haría. Time is money.

Siempre he sido así. 

Fui el niño tranquilito que se quedaba sentado chupando su dedo, quietecito, sin atisbo de lágrimas ni pataleos, esperando "paciente" a que su madre se diera cuenta de que tenía hambre. El niño ideal que no daba lata, el trabajo ideal para la chica que me cuidaba, el aliado perfecto mientras la madre atendía a los otros dos, los que sí exigían atención para ellos. Como corresponde.

Esperar para no incomodar a los demás. Esperar como imbécil.

No sé si habré recibido una fea respuesta en caso de haber exigido la atención materna con o sin justificación –mía o de ella– en esos tiempos lejanos. Creo que podría ser. Aunque la verdad es que me veo, me contemplo en mi desnudez y veo a ese tonto que espera y que se conforma, que se ha jodido a sí mismo por no joder a los demás.



lunes, 9 de abril de 2018

niñerías

Este soneto parte de un verso que le robé a mi compañera Jordana Amorós (quien por cierto escribe sonetos preciosos). Igual, con la mano de Morgana.


"Caprichos de obstinado adolescente"
de quien repite ciego un burdo credo
un niño acurrucado entre su miedo
y entre las telarañas de su mente.

El tiempo no ha curado una cagada
ha acumulado sólo decepciones
tantas risas calladas, frustraciones,
sendero con destino a la chingada.

Alza la vista, mierda, sí es posible,
no te rindas sin levantar los brazos
que el tiempo ya prepara la factura.

Consciente que tu esfuerzo tan risible
te va a dejar el alma hecha pedazos
tirado junto a toda la basura.



sábado, 7 de abril de 2018

no saben que pensando en tu amor...


Me pareció verte bastante extrañada cuando te mencioné mi afición por las canciones tristes. Me miraste con unos ojos que no me conocían. Unos ojos sorprendidos ante este hombre al que conoces tan bien. Quizá no fue así, quizá sólo malinterpreté la forma como me mirabas. A esa hora ya estabas cansada, e ir a la Ciudad de México siempre agota, desde los ojos hasta el corazón.

Aunque quizá sí sea como en ese momento creí, porque me puse a darte ejemplos de canciones que me llenan y a tratar de explicarte esta afición por los acordes tristones y pesarosos, y no me detuviste diciendo que ya lo sabías como otras veces haces, quiero pensar que más por hacerme saber que me escuchas cuando te cuento mis cosas que por mostrar apatía ante lo ya escuchado.

Unos días después vino a mi mente esa charla en la espera del metro, esa sorpresa mía ante tu desconocimiento mío: tu extrañeza. 

Cuando estábamos juntos, esas canciones tristes se limitaban a pasar lista en mi repertorio, están ahí porque son mías, pero estaban relegadas por las del amor bonito, esas que a veces me mojan los ojos aunque yo no quiera: Te lo pido por favor, ¿te suena? Mi vida. Lo pasado pasado, Abrázame muy fuerte, Si quieres, Amor del bueno (la del cuchillo y la mantequilla), ¿Tú de qué vas?Amanecí en tus brazos, Cuando sale la luna y varias más.

Tendré vocación por la tristeza pero también soy un cursi, amor mío. Y era un cursi enamorado. Eso sí lo sabes perfectamente.




pequeño homenaje a don José
y a mi canción predilecta.

miércoles, 4 de abril de 2018

más de la muerte


A Jesús Sánchez Ruíz

He hablado en los dos posteos anteriores –en mayor o menor medida– de la muerte. De esa conocida que es algo así como un pariente lejano que ha tenido una vida indigna y de la que por tanto nadie habla, y cuando se le llega a mencionar no falta la mirada reprobatoria de dos tías que fruncen el ceño al momento y de una más que cambia el tema: “de esas cosas no se habla”.

Creo, como le respondía a Isabel (Tara), que no sabemos nada. Cada quien cree lo que quiere, o lo que puede; lo que le enseñaron, pero nadie sabe qué va a pasar ni cómo. Aunque muchos afirman saber cómo son las cosas.

Nadie está lo suficientemente entrenado para saber aceptar la muerte, me ha dicho Silvio, pero yo creo que además de eso, nos entrenan para no saber afrontarla. Parece que todo el mundo quisiera nunca morir y que seguir vivo a toda costa es el objetivo principal. Al menos es lo que veo en mis rumbos.

Lo que sí sé (eso creo, jajaja), es que todos quisiéramos una muerte rápida y sin dolor. Aquella de quedarse dormido y ya no despertar. La verdad es que ya no sé si eso es casualidad o el premio por una vida no tan indigna. Yo también la quisiera pero con una buena borrachera previa, y así hasta me evito la resaca.

Otra cosa que sé, es que la muerte rápida no tiene despedidas, y esas tienen su valor. Para el que se va y los que se quedan.