martes, 15 de agosto de 2017

Alardeando



Me creo un buen tipo. Me siento una buena persona. Me considero un hombre inteligente, pensante. Creo estar totalmente alejado de ser un hijodeputa, aunque también creo que al menos un poco de eso está alojado en el ADN de todos.

He llegado a alardear con mis actos sobre mi conducta progresista y openmind. He tratado de dejar en claro que no soy un macho y que desprecio las conductas machistas y misóginas, aunque aún lucho con algunos prejuicios. Le doy libertad a mi mujer, dije sin pudor; con mi narcisismo alentando la triunfante frase. Tú no le das nada, tú (insignificante al fin) no puedes darle nada, ¿quién eres tú para darle algo, para darle libertad? Pensé que sólo era un error semántico, que se debía a estar dentro de una sociedad netamente machista lo que me había provocado escribir tal aberración: respeto la libertad de mi mujer (como muy pocos hacen), corregí. (Porque soy un gran tipo, eh. Tiene suerte la condenada).

Supuestamente al dejarla ser, al dejar su celular en paz, sus redes sociales intactas, sin tener necesidad de saber con quien se escribe ni con quien chismorrea, de saber que va a donde quiere con quien quiere cuando quiere, de invitarla a ir conmigo al cumpleaños de mi tía para esperar si quiere o si puede hacerlo; de no celarla, ni checarla, ni atemorizarla. De todas esas cosas que se supone que la “gran” mayoría de los hombres no hacen. Supuestamente el respetarle todo eso correspondía a un asunto de mi corrección como persona, de que creo que eso es lo correcto, de que ya lo dije: soy un buen tipo; un gran tipo al parecer.

Pero no. Toda esa amabilidad en mi persona es producto de mi narcisismo.

Es ese inamovible narcisismo el que me mueve. Porque hay que dejar claro que no soy como los demás. Al menos en mi mente.

Aunque, hay que decirlo, no jodo a nadie con él.