sábado, 23 de septiembre de 2017

Whatsapp devuélveme a mi abuela.


Hace un tiempo una colega bloguera escribió un divertido posteo titulado Que le quiten a mi madre el Whatsapp, donde hacía mofa de las actitudes que han tomado la mayoría de nuestras madres al haberse encontrado con esta nueva tecnología que prácticamente las ha despojado de sus ratos de ocio y ha empolvado más los libros de su mesa de noche.

Mis padres, como ejemplo, hay ocasiones en que no se diferencian de dos adolescentes que no tienen necesidad de mirarse ya que todo lo que necesitan lo tienen en la pantalla del pequeño dispositivo. Completamente enajenados, incapaces de poner atención a cualquier otra cosa. 

Se les ha abierto una ventana que los ha maravillado y que los tiene como mi madre decía que nos tenía a mis hermanos y a mí la televisión: idiotizados. Reciben en sus teléfonos móviles toda clase de fotos y videos, desde las que tienen imágenes picantes hasta las que parecen ser enviadas por un Cristo necesitado de afecto; toda clase de videos motivacionales y con bellísimas reflexiones ignoradas una vez que envían el divino mensaje; toda clase de chistes, información sobre nuevas modalidades de secuestro y mensajes políticos, entre más basura.

Yo veo a mis padres y a sus amistades totalmente fascinados. Y es que ellos no vivieron la revolución del correo electrónico, el primer medio por el que se difundió toda esa mierda que ahora llena las memorias de los celulares.

Ha pasado el tiempo y ha evolucionado la tecnología pero seguimos enviándonos la misma mierda.


jueves, 21 de septiembre de 2017

después del terremoto


Hace 32 años, cuando el terremoto de 1985, tenía cinco años. Imagino que dormía todavía cuando ocurrió, no sentí nada, dormía el sueño de los niños. Recuerdo el contexto del temblor, todos hablaban sobre ello, en la radio y la televisión, mis padres y toda la gente. La verdad es que no recuerdo imágenes de la devastación, las conocí años después, seguramente en algún aniversario. Bañados por el contexto y en nuestra ingenuidad mi hermano y yo jugábamos al temblor, subiendo a un sillón verde y aventándonos al piso tras haber gritado sonrientes: ¡el temblor el temblor!

Lo que me vino de inmediato a la cabeza mientras me resguardaba bajo una trabe al momento del sismo fue la gente de Oaxaca y Chiapas, creí que era una especie de réplica maldita. Al buscar información en la televisión parecía que no había pasado de un susto, los enviados con cámaras no tenían registros de devastación. Mientras sentía el movimiento también me llegó a la cabeza el hecho de que era 19 de septiembre, el mismo día en el calendario de ese otro fatídico día.

Algunos minutos después se comenzó a tener noticia de la destrucción. Edificios y casas derrumbados parcialmente o en su totalidad, otros con grietas evidentes. Pensé en mi hermana y el edificio donde vive, le mandé un whatsapp que tardó demasiado en ser respondido: me quedé sin casa me respondió Soraya. Pero ella estaba bien. Ella tuvo suerte, la suerte que no tuvieron otros, 250 hasta el momento en que tecleo esto. El caso que más me impactó fue el derrumbe de una escuela donde murieron más de 30 niños.

La verdad es que no me parece algo extraordinario la solidaridad de la gente para con sus vecinos y compatriotas, me sorprendería que pasara lo contrario. No creo que alguien que está bien y que ve la posibilidad de prestar sus manos para hacer cualquier cosa que ayude se quede sentado. Es parte de nuestro lado bondadoso. No me parece algo extraordinario pero sí me conmueve. Ya saben como soy.

Lo que sí me jode mucho es saber que hay demasiada gente que aprovecha desgracias de este tamaño para robar, para quitarle lo poco que le había quedado a quien casi lo ha perdido todo. Que la gente que no ha podido regresar a sus casas por lo inseguras que son ahora, no se retiran a un lugar menos incómodo a pasar la noche porque saben que esos mierdas pueden llevarse lo poco que queda. Lo saben muy bien.


Veo la bondad de la gente junto al oportunismo de los políticos, veo a los que no han dormido porque el deber les ha retrasado el sueño junto a los que presumen lo poco que han ayudado dejando constancia de su "buena onda". Veo a personas de distintos países colaborando juntos para salvar a quien todavía espera bajo los edificios derrumbados volver a ver la luz del sol.


martes, 19 de septiembre de 2017

Afectos e imbecilidad (o algo así)


Hay demasiada soledad en el mundo. Y luego ese no saber lo que es el amor. Llegar a otra persona con todas nuestras carencias, las evidentes y las profundas; y encontrarnos con alguien igual de perdido que nosotros, quizá más; más necesitado, más dañado, más hijodeputa. Y la unión de dos almas necesitadas e hijasdeputa no es algo lindo.

Qué putas referencias tenemos sobre el amor. Quién nos enseñó lo que es. ¿Alguien te enseña a amar? Creo que nadie (nuestras madres generalmente nos sobreprotegen, nuestros padres ignoran eso, esas son mariconadas). Pero tenemos montones de supuestos testimonios que nos maleducan al respecto: cine, televisión y malos libros, fábulas de historias maravillosas con protagonistas lejanos al arquetipo humano. Y además son las mismas historias, la misma una y otra y otra vez hasta que nos la aprendamos. Y parece que eso pasa. Nos tragamos esos cuentos completitos.

Soledad y necesidad de amor, con ignorancia y egoísmo. Filosofía de Coello amalgamada a esa idea pendeja de sólo dar lo que se reciba: como me traten trato y sólo si me buscan busco, alardean los imbéciles. Sin saber que el verdadero gozo está en amar no en ser amado.


domingo, 17 de septiembre de 2017

de la pasión humana


–Una pasión es una pasión. El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión.  “El secreto de sus ojos”

La pasión humana llamada amor. Dice mi amiga Sofía que sobre eso escribí hace unos días. Creo que sólo son ciertas puntualizaciones sobre el asunto. Otra verdad (aparente) es que el universo del ciberespacio conspiró con mis musas para llevarme a escribir eso, porque no sólo leí la frase que detonó la idea de escribir, sino el haber también ledo ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽io conspiras cosas, petambiir eso, porque no serdad (aparente) es que el universo del ciberespacio conspiras cosas, peído los recientes posteos de Mirella y de la misma Sofía se confabularon, cómplices; o será tan sólo que el amor deambula por el ciberespacio. Love is in the web.

La cosa es que si el amor es una pasión humana, de hecho, la pasión humana, y al parecer no se puede renunciar a nuestras pasiones, entonces todos esos que dicen que ya no se enamorarán, ni volverán a amar, ni siquiera a querer (y ya el príncipe nos educó al respecto) son unos viles mentirosos. Enclenques que portan el disfraz musculoso del insensible, pequeños chapuceros que no engañan a nadie.

Porque sí, están solos, seguramente desde hace muchos años, pero esa soledad, en la mayoría de los casos no es escogida, se asume ante la falta de esa alma afín que quiera tomar su mano mientras caminan hacia cualquier lado. También se sorprenden soñando con esos si…, y quizá después se sientan imbéciles por fantasear de tal manera, pero no creo que ilusionarse y desear y anhelar e imaginar posibilidades felices sea algo que el alma humana pueda evitar.

¿Quién puede evitar sentirse feliz cuando esa linda muchacha le ha sonreído en el trasporte público?


sábado, 16 de septiembre de 2017

¿ni una más?



El caso no pintaba bien desde un principio, bueno, desde que supe sobre ello a través del noticiero. ¡Tlaxcala! La cuna de los padrotes, de la trata de mujeres y la prostitución obligada.

Una chica muy joven, estudiante. Una mujer bonita. Una mujer que abordó supuestamente un taxi seguro para volver a su casa después de ir a divertirse. Una mujer muerta. Otra.

No quiero imaginar lo que esta pobre chica vivió los últimos días de su vida. No quiero imaginar lo que podría vivir cualquiera de las mujeres de mi vida: la mujer que amo, mi familia, mis amigas.

No quiero pero tengo que hacerlo porque forma parte de la realidad del mundo, del mundo en el que vivo.

Descansa en paz Mara. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

algo del amor y el amar...



Por qué ahora que tener sexo es tan fácil, el amor se volvió tan complicado. Y alguien sabe a ciencia cierta qué jodidos es el amor. Yo me quedé pensándolo un rato cuando me lo preguntaron. Me quedé pensando si acaso sé lo que es, si acaso estoy cerca de saberlo, porque creo que he amado, como dios manda, sin pensar en nada al entregarlo todo. Pero sólo son mis creencias. Mis asegunes.

Recién escribió mi queridísima amiga Mirella Santoro que: Quizás el amor sea una suma  de misterios, de pliegues y dobleces entre la carne y el alma, un entrar y salir por puertas giratorias, desnudos y encorvados por el peso de dioses y demonios, personales y ajenos. Quizá sí. Quizá.

Leí una frase publicada por una conocida donde decía que para que una mujer te abra su corazón debes primero tocar su alma, pero no creo que sea así, lo será en contados casos. Creo que hay demasiados corazones con puertas y ventanas abiertas por completo, deseosos, que en su desesperación dejan que cualquiera entre; esperanzados en que uno de esos cualquieras será ese híbrido de lobo príncipe y caballero. Hay demasiada soledad en el mundo.

Recuerdo un diálogo entre los personajes de mi admirada Laura Linney y el gran Kevin Spacey, en una de mis películas favoritas, La vida de David Gale, donde ella le dice después de haberle confesado las pocas sesiones sexuales que ha tenido: nos esforzamos tanto en que no nos vieran como objetos que tiempo después nadie nos miraba.

Y es que una mujer (inteligente) no quiere ser seducida o cortejada por lo maravilloso de sus caderas o el tamaño de sus pechos, pero sí quiere que ese hombre que se ha enamorado de ella porque le parece maravilloso perder el tiempo a su lado la despoje salvaje de sus bragas para devorarla como cualquier mujer desearía, con la pasión desbordada por cada poro.

Y es que, una cosa es lo que decimos y otra lo que hacemos. A quién no le gusta ser deseado, sentirse querido, aun si el motivo no es el adecuado (si nos utilizan o somos objeto de interés). Estar rodeado por unos brazos después de sudar juntos, aun si ha sido sólo sexo.

Paliar un rato la soledad.

martes, 12 de septiembre de 2017

algo sobre la moda


Recuerdo una vez haberme quedado perplejo (aunque sin abrir la boca) ante lo que le escuché decir a una doctora amiga de mi hermana. Esta mujer dijo que tenía unos zapatos que le gustaban muchísimo –o muchisísísísímo, no lo recuerdo bien– pero que ya no usaba porque habían pasado de moda. ¿Es en serio? pensé, completamente incrédulo. Digo, no conozco a esta persona pero me parece absurdo que alguien de su edad y con sus estudios piense lo mismo que la señora de la estética que ha pedido le renueven el peinado por uno al “último grito de la moda”. No me lo creía pero lo tuve que aceptar.

Luego comprobé que esta doctora es algo imbécil porque también dijo que se buscaría un novio más bajo que ella ya que eso se había puesto de moda, que estaba en tendencia pues. ¡¡¡Es en serio!!! O será quizá que alguien tan amargado como yo no puede entender estos pequeños placeres de la gente común que añora ser admirada por su persistente afán en estar a la moda.

Pero ya dice la sabiduría popular que de la moda lo que te acomoda, vamos, que no a todos nos queda la barba larga ni a todos les crece de manera que la puedan dejar larga sin que cause risa por su escasez. Ni a todas les queda ese corte tan peculiar que puso de moda Miley Cirus.

Y aunque no me volví a dejar crecer la barba por un asunto de moda ni cosa parecida, parece que sí ha influido en mi percepción estética eso de dejarla crecer bastante. Creo que de tanto ver barbas crecidas me parece ahora que se ven bien, porque en los ocho años previos en que no me había rasurado nunca la dejé crecer más de tres o cuatro centímetros. No me gustaba como se me veía, ahora sí. Pero como dice mi buen Fernando Delgadillo todos estamos influenciados. Qué le hacemos.

Luego recuerdo a mi abuelita decir que aun si la mona se viste de seda mona se queda. Y no se ve nada mona.