jueves, 21 de septiembre de 2017

después del terremoto


Hace 32 años, cuando el terremoto de 1985, tenía cinco años. Imagino que dormía todavía cuando ocurrió, no sentí nada, dormía el sueño de los niños. Recuerdo el contexto del temblor, todos hablaban sobre ello, en la radio y la televisión, mis padres y toda la gente. La verdad es que no recuerdo imágenes de la devastación, las conocí años después, seguramente en algún aniversario. Bañados por el contexto y en nuestra ingenuidad mi hermano y yo jugábamos al temblor, subiendo a un sillón verde y aventándonos al piso tras haber gritado sonrientes: ¡el temblor el temblor!

Lo que me vino de inmediato a la cabeza mientras me resguardaba bajo una trabe al momento del sismo fue la gente de Oaxaca y Chiapas, creí que era una especie de réplica maldita. Al buscar información en la televisión parecía que no había pasado de un susto, los enviados con cámaras no tenían registros de devastación. Mientras sentía el movimiento también me llegó a la cabeza el hecho de que era 19 de septiembre, el mismo día en el calendario de ese otro fatídico día.

Algunos minutos después se comenzó a tener noticia de la destrucción. Edificios y casas derrumbados parcialmente o en su totalidad, otros con grietas evidentes. Pensé en mi hermana y el edificio donde vive, le mandé un whatsapp que tardó demasiado en ser respondido: me quedé sin casa me respondió Soraya. Pero ella estaba bien. Ella tuvo suerte, la suerte que no tuvieron otros, 250 hasta el momento en que tecleo esto. El caso que más me impactó fue el derrumbe de una escuela donde murieron más de 30 niños.

La verdad es que no me parece algo extraordinario la solidaridad de la gente para con sus vecinos y compatriotas, me sorprendería que pasara lo contrario. No creo que alguien que está bien y que ve la posibilidad de prestar sus manos para hacer cualquier cosa que ayude se quede sentado. Es parte de nuestro lado bondadoso. No me parece algo extraordinario pero sí me conmueve. Ya saben como soy.

Lo que sí me jode mucho es saber que hay demasiada gente que aprovecha desgracias de este tamaño para robar, para quitarle lo poco que le había quedado a quien casi lo ha perdido todo. Que la gente que no ha podido regresar a sus casas por lo inseguras que son ahora, no se retiran a un lugar menos incómodo a pasar la noche porque saben que esos mierdas pueden llevarse lo poco que queda. Lo saben muy bien.


Veo la bondad de la gente junto al oportunismo de los políticos, veo a los que no han dormido porque el deber les ha retrasado el sueño junto a los que presumen lo poco que han ayudado dejando constancia de su "buena onda". Veo a personas de distintos países colaborando juntos para salvar a quien todavía espera bajo los edificios derrumbados volver a ver la luz del sol.