viernes, 29 de septiembre de 2017

en el viaje


No se puede uno bajar de la montaña rusa a medio camino. Eso le dije al terapeuta después de una sesión algo ruda, aunque no tanto como la de la siguiente semana, una que me hizo sentir muy trastornado. Que me volteó las ideas y el alma. Que me revolvió todo por dentro.

No es sencillo bajar a ver al monstruo a los ojos, a veces ni siquiera lo es encontrarlo. Es más duro darte cuenta que el monstruo eres tú, que siempre has sido tú. Es más jodido, devastador, ver que es un monstruo grande y fuerte, lo alimentaste demasiado, demasiado bien. Es enorme y además te conoce el desgraciado. 

Ha sido duro. Pero espero ir al menos más allá de la mitad del recorrido. No saco las manos. Voy aferrado al asiento de enfrente.