sábado, 28 de octubre de 2017

Seño



Con Tamara iba a veces por un helado a las nieves de Adiós a tu presumida, La Presumida pa los cuates. La heladería es un pequeño local que evidencia a un propietario acumulador/coleccionista que exhibe una gran colección de latas  y de juguetitos de huevo Kinder demasiado polvosos, además de fotografías de nuestros Diablos y nuestro santo patrón Saturnino Cardozo. Son mis helados preferidos y me gusta decir que son los mejores helados del mundo.

Pero bueno, la cosa es que cuando íbamos por un delicioso helado, el señor que atiende, al momento de preguntarnos sobre el sabor de nuestro helado, cuando se dirigía a mí me llamaba joven pero cuando le solicitaba el pedido a Tamara le decía seño. Esta curiosa situación era motivo de bromas y risas entre nosotros ya que yo soy cuatro años mayor que Tamara, y además tengo un hijo.

Es que a pesar de que el seño es indefinido ya que se puede referir a una señorita o a una señora, la verdad es que es una palabra vieja y amable para dirigirse a las señoras: la seño, la señito (cuando iba al kínder no teníamos misses, teníamos seños; y yo, según recuerdo era el consentido de la Seño Pili). Es rarísimo que se le diga a una mujer joven.

Pero en todo caso, es la palabra perfecta para dirigirse a una mujer de más de 40 sin que sienta alusión alguna hacia su vida sexual. Ni ella se ofenderá con el señora, ni yo me sentiré ridículo llamando señorita a una señora de 50 años que me ha vendido unas golosinas.