viernes, 24 de noviembre de 2017

Hacerla reír


Alguna vez, hace ya más de veinte años, en una revista de pasatiempos y fotografías de chicas con poca ropa, sobre la foto de una bella chica con expresión de inocencia, se leía la frase: Toda mujer prefiere que se le divierta a que se le ame. Y en ese momento, en esos tiempos de inexperiencia vital, podía vislumbrar que amar a una mujer y no tener la capacidad de poder hacerla reír era una cualidad bastante inútil, aunque todavía no sabía la enorme diferencia que existe entre amar y ser amado: la dicha máxima contra el sólo dejarse querer; que a la larga cansa, sobretodo si no ríes con esa persona.

Ahora, que me topo con esta frase que ha posteado una muy querida amiga, pienso en el papel fundamental que tiene la risa ajena en el proceso o el deseo de seducción. 

Desde que uno está en el jardín de niños y ha fijado sus ojos en la niña preciosa que tiene por compañerita, el afán que persigues es el de hacer brotar risas de su boca y que su expresión se vuelva una sonrisa casi permanente si está en nuestra compañía. Queremos hacerla reír. Queremos que piense en lo graciosos/ocurrentes/divertidos que somos, para que en caso de que le llegue a pasar por la cabeza la idea de estar con nosotros como pareja, crea de entrada, que no es mala idea, que se divertirá.

Creo ahora que nuestro objetivo principal no es hacerla reír ni divertirla, es parecer graciosos e inteligentes. Creo que nuestra vanidad está por encima de la situación. 

Aunque finalmente va junto con pegado. Queremos que pase un buen y entretenido rato al lado nuestro y que se dé cuenta de lo graciosos e inteligentes que somos.